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La solidaridad también cuida la salud mental

  • hace 2 días
  • 3 min de lectura

En una sociedad que cada vez nos invita más a mirar hacia nosotros mismos, el Día de la Solidaridad nos recuerda la importancia de volver a mirar a los demás.


Cada 18 de agosto, Chile conmemora el Día de la Solidaridad en honor al fallecimiento de San Alberto Hurtado, quien dedicó su vida a promover la dignidad humana y el compromiso con quienes más lo necesitaban.


Más allá de las creencias personales, esta fecha nos invita a detenernos y reflexionar sobre una pregunta que sigue siendo profundamente vigente:


¿Qué lugar tiene la solidaridad en nuestra vida cotidiana?


Vivimos en una sociedad cada vez más individualista


Hoy recibimos constantemente mensajes que nos invitan a ser más productivos, más independientes y autosuficientes.

Se nos enseña a resolver solos nuestros problemas, a competir, a compararnos y a priorizar el éxito individual.


Sin darnos cuenta, podemos comenzar a creer que pedir ayuda es una señal de debilidad o que los problemas de los demás no tienen relación con nosotros.


Sin embargo, la evidencia en salud mental muestra justamente lo contrario:


Las personas necesitamos de otras personas para desarrollarnos y cuidar nuestro bienestar.

La salud mental también se construye en comunidad


Cuando pensamos en salud mental solemos imaginar hábitos individuales como dormir bien, hacer ejercicio o acudir a terapia. Y aunque todo eso es importante, existe otro elemento igual de relevante que muchas veces pasa desapercibido: los vínculos sociales.


La investigación en psicología ha demostrado que contar con redes de apoyo significativas es uno de los principales factores protectores para la salud mental. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el apoyo social y la participación comunitaria como elementos fundamentales para promover el bienestar y fortalecer la resiliencia frente a situaciones difíciles.


Sentir que pertenecemos a una comunidad, que podemos contar con otros y que también somos importantes para alguien, protege nuestra salud mental de maneras que muchas veces no alcanzamos a dimensionar.


Empatía y solidaridad: no son lo mismo


Aunque solemos utilizar ambos conceptos como sinónimos, en realidad representan pasos diferentes.


  • La empatía es la capacidad de comprender o conectar con lo que otra persona está sintiendo.

  • La solidaridad, en cambio, va un paso más allá. Es transformar esa comprensión en acciones concretas.


A veces esas acciones pueden ser grandes, pero muchas veces comienzan con gestos muy simples:


  • Escuchar sin interrumpir.

  • Preguntar genuinamente "¿Cómo estás?" y dar espacio para la respuesta.

  • Acompañar a alguien en un momento difícil.

  • Ofrecer ayuda sin esperar algo a cambio.

  • Incluir a quien se siente solo.

  • Compartir tiempo y presencia.


La solidaridad no siempre cambia el mundo entero, pero sí puede cambiar el mundo de alguien.


Ser solidarios también beneficia nuestra salud mental


Cuando ayudamos a otros no solo contribuimos a su bienestar.

Diversas investigaciones muestran que las conductas prosociales se asocian con:


  • Mayor sensación de propósito.

  • Más satisfacción con la vida.

  • Fortalecimiento del sentido de pertenencia.

  • Relaciones interpersonales más significativas.

  • Mayor bienestar psicológico.


Esto no significa ayudar para obtener un beneficio personal. Significa reconocer que el bienestar humano siempre ha sido un proceso compartido.


Cuando fortalecemos a una comunidad, también fortalecemos a quienes formamos parte de ella.


Un recordatorio para este Día de la Solidaridad


Quizás el mayor legado de esta fecha sea recordar que la salud mental no depende únicamente de lo que hacemos por nosotros mismos.



También se construye en la manera en que nos relacionamos, en cómo respondemos al sufrimiento de quienes nos rodean y en nuestra disposición a crear comunidades donde las personas puedan sentirse vistas, escuchadas y acompañadas.


Porque en una sociedad que muchas veces nos empuja hacia el individualismo, la solidaridad es una forma de resistir el aislamiento y de fortalecer aquello que más protege nuestra salud mental: los vínculos humanos.


Después de todo, cuidar de otros también es una forma de cuidar la comunidad de la que todos formamos parte. Y cuando una comunidad se fortalece, también lo hace la salud mental de quienes la integran.

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